Oscar Arias

La gratitud es la memoria del corazón

¿Cómo describir el Movimiento Cooperativo sin hacer apologías? ¿Cómo narrar las experiencias cotidianas del Movimiento Cooperativo, de la profunda admiración que siento por él, y de mi convicción de que es indispensable para el desarrollo equitativo de una nación como la nuestra? Esta noche no quiero inundarlos de elogios. He renunciado, desde hace mucho tiempo, a la pretensión de definir ciertas cosas, de convertir lo inefable en palabras. No hablaré de la labor que diariamente llevan a cabo, porque de eso saben ustedes mucho más que yo. Ni hablaré, tampoco, de sus metas pendientes, porque para eso cualquier día es oportuno. Quiero hablarles, sencillamente, de lo que el Movimiento Cooperativo evoca para mí, de lo que significa en la persecución de ciertos ideales a los que empecinadamente continúo aspirando, como aspiraba hace 26 años, cuando los costarricenses me eligieron por primera vez Presidente de la República.

Hoy, como hace 26 años, continúo creyendo en la paz. Creo que un país en donde la posibilidad de la muerte violenta se cierne sobre las cabezas de sus hombres y sus mujeres, es un país en donde el futuro deja de ser el terreno más propicio para los sueños. Es en el hambre, la exclusión, la ignorancia, la enfermedad, la falta de oportunidades, adonde espera la violencia, como monstruo enterrado en el suelo infértil de la injusticia. El Movimiento Cooperativo contribuye a desenterrar de ese suelo la cimiente del dolor, y a sembrar con paciencia la semilla de las oportunidades para nuestro desarrollo humano y para nuestro crecimiento económico.

Hoy, como hace 26 años, continúo creyendo en la solidaridad. Creo que un país en donde los seres humanos se miran como simples vecinos, como copropietarios del aire y del espacio, sin nunca llegar a conocerse, es un país que ha perdido la noción de su humanidad, y se ha sumergido en el oscuro abismo de la indiferencia, del que no escapa nunca un rayo de luz. Comparto esta convicción con el Movimiento Cooperativo. Este Movimiento es para hombres y mujeres solidarios, para los que han descifrado el misterio del sacrificio, para los que ven en las injusticias no un motivo de lamento, sino una oportunidad para la generosidad.

Hoy, como hace 26 años, continúo creyendo en la esperanza. Creo que un país en donde no hay razón para aguardar con ansias el día de mañana, es un país en donde el día de hoy ha perdido el sentido. Sé que el Movimiento Cooperativo también cree lo mismo. Sé que el Movimiento Cooperativo sabe reconocer los lirios que nacen en el fango y la luz que puede emerger de una profunda oscuridad. Sé que en momentos difíciles, y desde hace ya muchos años, el Movimiento Cooperativo ha llegado a nuestros campos y a nuestros hospitales, a nuestras empresas y a nuestras escuelas, donde miles de agricultores, enfermeras, operarios y maestros, atendiendo al llamado de la solidaridad y de la cooperación para fundar cooperativas y devolverles la fe y la esperanza. El Movimiento Cooperativo ha sabido que de una lámpara herrumbrada, de una realidad desoladora, puede emerger, como en Las Mil y Una Noches, el genio de nuestros deseos.

Hoy celebramos un aniversario. Celebramos el 30 Aniversario de la promulgación de la Ley 6756, mediante la cual se le otorga marco jurídico a las cooperativas de autogestión y cogestión y se crea la Comisión Permanente de Cooperativas de Autogestión. Treinta años en el que el Movimiento Cooperativo ha dejado una huella muy profunda en el desarrollo de este país. Quiero decirles que quizás cumplir treinta años no es lo más importante porque la solidaridad, la paz, la justicia, la esperanza y el sacrificio, no pueden ser cuantificados. Debemos aprender a marcar las horas, pero también los abrazos, a contar los minutos, pero también las sonrisas, a enumerar los segundos, pero también los instantes de valentía.

No deberíamos contar más que los años del Movimiento Cooperativo, no deberíamos más que contar el tiempo. “Ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor”, como dice Ernesto Sábato.

Quienes conocemos al Movimiento Cooperativo lo conocemos por sus frutos. Por guiar a Costa Rica en la senda del crecimiento económico con justicia social. Por inspirar el éxito de muchos de los sectores productivos del país. Por sumar entre sus filas a más de un cuarto de la población costarricense de manera directa o indirecta. Pero quienes conocemos al movimiento cooperativo, lo conocemos también por su forma de cosechar. Sabemos que en la abundancia de sus valores y en la firmeza de sus principios, no hay espacio para que crezcan los espinos de la indiferencia, ni las zarzas de la discordia. El movimiento cooperativo nacional ha probado ser, desde su nacimiento, una de las mejores vendimias que ha recogido Costa Rica.

Amigas y amigos:

Dicen que la gratitud es la memoria del corazón. Recordamos hechos, eventos, acontecimientos, no con base en su importancia objetiva, universal; sino con base en su importancia subjetiva, individual. A lo largo de mi vida, he tenido la dicha de ser lo suficientemente afortunado de recibir numerosas muestras de simpatía y de generosidad. Tengo mucho de qué estar agradecido, y por eso mi memoria está poblada hasta el último resquicio. Sin embargo, guardaré con particular afecto en la memoria de mi corazón, el que el Movimiento Cooperativo me haya nombrado Presidente Honorario.

Espero merecer este privilegio porque soy un hombre que ha dedicado gran parte de su vida al servicio de este país, y creo que siempre he sido fiel con las promesas que les hice a los costarricenses. No quiero, sin embargo, dejar pasar la oportunidad para decirles en palabras sinceras lo que abunda en mi corazón sobre el Movimiento Cooperativo Nacional. Ustedes siempre me han acompañado. Me acompañaron hace 26 años, cuando simbólicamente subieron conmigo los ochos peldaños de la Catedral Metropolitana y asumimos el compromiso de luchar por la paz en Centroamérica. Me acompañaron durante mi segunda administración, cuando compartieron conmigo sus preocupaciones y discutimos sobre la mejor manera de superar los obstáculos que frenaban el desarrollo del país y de su sector. Me acompañaron cuando acudieron a votar masivamente en el primer referéndum de nuestra historia. Ustedes fueron mis aliados, ustedes fueron mis compañeros, ustedes fueron mis leales amigos. Les debo más de lo que puedo expresar, por eso les digo la palabra más hermosa de cualquier diccionario: gracias, muchísimas gracias.
 
Oscar Arias Sánchez
Ex Presidente de la República
Año Internacional de las Cooperativas
18 de junio de 2012