{"id":835,"date":"2010-08-07T06:03:19","date_gmt":"2010-08-07T12:03:19","guid":{"rendered":"http:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/?p=835"},"modified":"2017-08-07T06:08:26","modified_gmt":"2017-08-07T12:08:26","slug":"futuro-socioeconomico-y-politico-de-costa-rica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/futuro-socioeconomico-y-politico-de-costa-rica\/","title":{"rendered":"Futuro socioecon\u00f3mico y pol\u00edtico de Costa Rica"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"http:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/discurso.jpg\" alt=\"Discurso\" width=\"500\" height=\"335\" class=\"aligncenter size-full wp-image-640\" srcset=\"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/discurso.jpg 500w, https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/discurso-300x201.jpg 300w, https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-content\/uploads\/2017\/08\/discurso-60x40.jpg 60w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/p>\n<p><em>Discurso pronunciado el <strong>15 de noviembre de 1976<\/strong> por el Dr. Oscar Arias S\u00e1nchez, Ministro de Planificaci\u00f3n Nacional y Pol\u00edtica Econ\u00f3mica, en el simposio \u00abLa Costa Rica del a\u00f1o 2000\u00bb, celebrado en el Teatro Nacional, de San Jos\u00e9, Costa Rica, los d\u00edas 11, 15, 16, 17 y 18 de ese mes.<\/em><\/p>\n<p><strong>Un gran avance<\/strong><\/p>\n<p>Es innegable que Costa Rica ha experimentado durante las \u00faltimas d\u00e9cadas un gran avance, no solo en el aspecto econ\u00f3mico, sino tambi\u00e9n en los campos social y cultural. En comparaci\u00f3n con el resto de Am\u00e9rica Latina, nuestro pa\u00eds puede exhibir, con leg\u00edtimo orgullo, un sistema pol\u00edtico democr\u00e1tico y estable, en donde la paz y la libertad no tienen parang\u00f3n. Muchas veces, sin embargo, no nos percatamos del hondo significado que tienen esos importantes logros. Nos resultan tan naturales, que con frecuencia no somos capaces de apreciarlos. En algunas oportunidades caemos en la impaciencia y exigimos incluso lo que nuestra sociedad no est\u00e1 en posici\u00f3n de otorgarnos a causa, entre otras, de la escasez de su poblaci\u00f3n, nuestros limitados recursos naturales y la relaci\u00f3n de dependencia que nos ata a otras naciones del mundo. Existen grupos que no est\u00e1n dispuestos a ceder siquiera una parte de sus privilegios en beneficio de una mayor justicia social. Otros propugnan por mayores ventajas, aun cuando su situaci\u00f3n no es tan desesperada. Pocos, en cambio, claman por reivindicaciones que los rediman del estado de marginaci\u00f3n en que se encuentran. Parte de los esfuerzos que se realizan para alcanzar una m\u00e1s justa distribuci\u00f3n de los beneficios de nuestro desarrollo, se estrellan contra la intransigencia de los poderosos, o se desvanecen en la indiferencia de quienes prefieren mantenerse en la comodidad del statu quo.<\/p>\n<p><strong>Imagen del futuro<\/strong><\/p>\n<p>Es necesario concebir una imagen de nuestro futuro, a fin de rectificar rumbos equivocados, redoblar esfuerzos para perfeccionar lo bueno que tenemos, y emprender nuevas acciones para acercarnos cada vez m\u00e1s a una Costa Rica libre de miseria y en donde imperen la justicia social y la libertad. No olvidemos que cuanto m\u00e1s elevados sean los ideales de un pueblo, m\u00e1s hermosas ser\u00e1n sus realizaciones. Esto supone, desde luego, la activa participaci\u00f3n de todos en el proceso de determinar tanto las metas como los medios para alcanzarlas.<\/p>\n<p>Ilusa actitud ser\u00eda creer en la perfecci\u00f3n humana y confiar ciegamente en la tecnolog\u00eda social, para de ah\u00ed concluir que, una vez escuchadas las advertencias acerca de los peligros que nos acechan, la sociedad costarricense cambiar\u00e1, como impulsada por un conjuro m\u00e1gico, y har\u00e1 posible ipso facto la revoluci\u00f3n que nos permita rectificar las tendencias negativas del pasado y del presente. De igual modo, ser\u00eda deplorable vivir en el fatalismo de creer que no es posible modificar, dentro de un sistema democr\u00e1tico, valores y actitudes que nos apartan de muchos de nuestros anhelos de justicia.<\/p>\n<p><strong>Un cambio profundo<\/strong><\/p>\n<p>Tengo el pleno convencimiento de que hoy, m\u00e1s que nunca, estamos obligados a impulsar una vigorosa acci\u00f3n pol\u00edtica que, a la vez que mantenga y consolide nuestro r\u00e9gimen democr\u00e1tico, sea capaz de propiciar un cambio profundo y positivo en el comportamiento de los grupos que integran la sociedad costarricense. Un cambio que en verdad redima al hombre de la injusticia y de la miseria. He aqu\u00ed un hermoso reto, particularmente para nuestras juventudes de hoy. Aceptar el desaf\u00edo y superar este reto es la responsabilidad de esas juventudes frente a las generaciones del ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>En esta cruzada el primer paso debe ser, sin duda, procurar que toda la poblaci\u00f3n del pa\u00eds est\u00e9 debidamente informada acerca de las opciones que se nos presentan, a fin de evitar que grupos minoritarios manipulen los destinos de Costa Rica en beneficio de ellos mismos.<\/p>\n<p><strong>Caracter\u00edsticas del desarrollo pasado<\/strong><\/p>\n<p>Se\u00f1alemos, antes de formarnos la imagen de esa Costa Rica del futuro, algunas de las caracter\u00edsticas m\u00e1s destacadas del desarrollo del pa\u00eds durante los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os:<\/p>\n<p>1. La poblaci\u00f3n pas\u00f3 de 800.000 habitantes en 1950 a m\u00e1s de 2.000.000 en 1976.<br \/>\n2. Se han consolidado nuestras instituciones republicanas y se ha perfeccionado nuestra democracia pol\u00edtica.<br \/>\n3. El Estado ha asumido una creciente participaci\u00f3n en la actividad econ\u00f3mica y social del pa\u00eds.<br \/>\n4. Ha habido un notorio incremento del nivel cultural y una mejora apreciable de la salud y la nutrici\u00f3n de los habitantes.<br \/>\n5. La producci\u00f3n ha crecido en forma acelerada, pero la econom\u00eda sigue siendo fundamentalmente agr\u00edcola.<br \/>\n6. La industria cobr\u00f3 un significativo auge, en particular luego de que el pa\u00eds se incorpor\u00f3 al Mercado Com\u00fan Centroamericano.<br \/>\n7. Nuestra econom\u00eda mantiene su dependencia del exterior, tanto en lo financiero y comercial como en lo tecnol\u00f3gico y cultural.<br \/>\n8. Subsiste una concentraci\u00f3n del ingreso en los estratos sociales alto y medio.<br \/>\n9. Una nueva clase media, amplia e influyente, ha surgido durante los \u00faltimos a\u00f1os.<br \/>\n10. El desarrollo se ha concentrado en la Meseta Central.<br \/>\n11. Pr\u00e1cticamente no existen ya tierras de vocaci\u00f3n agropecuaria que no tengan due\u00f1o, y estas tierras est\u00e1n concentradas en un reducido n\u00famero de propietarios.<br \/>\n12. La mayor pobreza subsiste en las zonas rurales. La migraci\u00f3n de los campesinos hacia las ciudades ha contribuido a crear nuevos focos de miseria en las urbes.<br \/>\n13. Se han generado en la sociedad h\u00e1bitos de consumo que superan la capacidad econ\u00f3mica del pa\u00eds.<br \/>\n14. El desarrollo sindical ha sido lento y fundamentalmente de tipo reivindicacionista.<br \/>\n15. En los \u00faltimos lustros la impaciencia y la intolerancia de algunos grupos sociales, al acudir constantemente a la violencia, amenazan cada vez m\u00e1s al sistema pol\u00edtico vigente.<\/p>\n<p>Al reflexionar sobre las anteriores caracter\u00edsticas, nos damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado en veinticinco a\u00f1os. No obstante, si deseamos construir la Costa Rica pr\u00f3spera, justa, democr\u00e1tica y libre que todos anhelamos, debemos revertir inmediatamente las tendencias negativas que ya afloran.<\/p>\n<p>Analicemos, aun cuando solo sea someramente, algunas de las tendencias que nos alejan de esa Costa Rica.<\/p>\n<p><strong>Papel del Estado<\/strong><\/p>\n<p>El papel del Estado, concebido originalmente para rectificar los desequilibrios de nuestro desarrollo, ha pasado en varios aspectos a convertirse, m\u00e1s bien, en un est\u00edmulo que agudiza esos desequilibrios. Con frecuencia, el Estado se ha mostrado d\u00e9bil ante las exigencias de los grupos de presi\u00f3n m\u00e1s poderosos y con facilidad ha cedido a sus pretensiones.<\/p>\n<p>El papel paternalista del sector estatal ha conducido a una dependencia cada vez mayor de los individuos. En lugar de estimular la organizaci\u00f3n de los diversos sectores sociales, en particular de los m\u00e1s desvalidos, hemos fortalecido un Estado benefactor, con perjuicio de la necesaria participaci\u00f3n de todos los costarricenses en las actividades econ\u00f3micas sociales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>El Estado permanece como un empleador residual: ante la incapacidad de otros sectores para absorber la creciente oferta de mano de obra, hemos intentado solucionar el desempleo mediante el subempleo estatal. El volumen que han adquirido ciertos servicios p\u00fablicos, rebasa ya la capacidad administrativa eficiente que posee el Estado, como lo evidencian, por ejemplo, los servicios de salud y de educaci\u00f3n. De mantenerse las tendencias actuales, el n\u00famero de funcionarios p\u00fablicos pasar\u00e1 de 100.000, que existen en la actualidad, a 300.000 a finales de siglo.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Modelo agroexportador<\/strong><\/p>\n<p>Tradicionalmente, Costa Rica ha sido un pa\u00eds agr\u00edcola. A mediados del siglo actual, este sector absorb\u00eda las dos terceras partes de la poblaci\u00f3n econ\u00f3micamente activa, generaba m\u00e1s del 40% del producto interno bruto y cerca del 90% de las exportaciones totales de bienes. Su suerte depend\u00eda, sin embargo, de dos productos: el caf\u00e9 y el banano. La inestabilidad de los precios de estos art\u00edculos, unida a la posici\u00f3n marginal de nuestro pa\u00eds en los mercados internacionales, expon\u00eda a Costa Rica a frecuentes problemas derivados del sector externo.<\/p>\n<p><strong>Sustituci\u00f3n de importaciones<\/strong><\/p>\n<p>Esta evidente vulnerabilidad de la econom\u00eda, ocasionada por el modelo agroexportador no diversificado de esa \u00e9poca, inclin\u00f3 al pa\u00eds hacia las recomendaciones de la CEPAL, que propiciaban un proceso de industrializaci\u00f3n concebido para sustituir importaciones.<\/p>\n<p>Ahora bien, quince a\u00f1os de industrializaci\u00f3n han sido suficientes para demostrar la necesidad de reorientar el proceso, pues hubo cierta improvisaci\u00f3n que afect\u00f3 negativamente los ingresos fiscales, a ra\u00edz de los incentivos tributarios concedidos. Tambi\u00e9n modific\u00f3 la distribuci\u00f3n del ingreso, en favor de una nueva clase empresarial y, por otra parte, no benefici\u00f3 en forma apreciable a los consumidores nacionales, por lo menos en lo concerniente a la calidad de los art\u00edculos manufacturados y su precio.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Importaciones y exportaciones<\/strong><\/p>\n<p>El acelerado crecimiento de las importaciones ser\u00eda grave, pero no cr\u00edtico, si el pa\u00eds pudiera generar divisas con relativa facilidad. Pero \u00e9ste no es el caso: mientras en los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os el valor de las importaciones creci\u00f3 22 veces, las exportaciones tan solo se elevaron 12 veces. De ese modo, la brecha entre importaciones y exportaciones tendi\u00f3 a ampliarse durante el per\u00edodo.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p>Un alto porcentaje de la inversi\u00f3n total del pa\u00eds se ha financiado, a trav\u00e9s del tiempo, con ahorro externo, tanto en la forma de inversi\u00f3n directa como de pr\u00e9stamos. En la medida en que se aumente en forma indiscriminada el servicio de la deuda exterior, el pa\u00eds podr\u00eda comenzar a perder soberan\u00eda para decidir las metas de progreso econ\u00f3mico de nuestra sociedad.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Dependencia del exterior<\/strong><\/p>\n<p>Nuestra dependencia del exterior no se limita a la necesidad de comprar bienes o de obtener recursos en el extranjero. Quiz\u00e1 m\u00e1s importante que esto sea nuestra dependencia en el campo de la tecnolog\u00eda y en el \u00e1mbito cultural. Es un hecho que la tecnolog\u00eda se desarrolla b\u00e1sicamente en los pa\u00edses industrializados y que, por diversas razones, est\u00e1 lejos de ser ideal para un pa\u00eds en desarrollo como Costa Rica. Sin embargo, la adoptamos sin mayor reflexi\u00f3n, en lugar de adaptarla a las particulares condiciones de nuestra econom\u00eda. Otro tanto sucede con los patrones culturales de sociedades m\u00e1s ricas que la nuestra.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>El desarrollo y los pobres<\/strong><\/p>\n<p>El desarrollo socioecon\u00f3mico del pa\u00eds ha beneficiado sobre todo a los estratos medio y alto. La distribuci\u00f3n del ingreso nacional ha favorecido en mayor medida a los sectores medios, a costa de los grupos de ingresos m\u00e1s elevados, los cuales, sin embargo, siguen conservando una alta proporci\u00f3n del ingreso. Los pobres todav\u00eda tienen un menor acceso a la educaci\u00f3n media y a la superior, y por ello su ascenso socioecon\u00f3mico resulta m\u00e1s limitado.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Desequilibrio regional<\/strong><\/p>\n<p>El desarrollo se ha concentrado en la Meseta Central, con lo que se ha producido un marcado desequilibrio entre esa regi\u00f3n y el resto del pa\u00eds. Este desequilibrio es consecuencia no solo de una concentraci\u00f3n de la inversi\u00f3n privada en el Valle Central, sino tambi\u00e9n de una inadecuada distribuci\u00f3n de los recursos p\u00fablicos. Con la poblaci\u00f3n que tendr\u00e1 Costa Rica a finales del siglo (unos 3.500.000 habitantes), si estas tendencias contin\u00faan, podr\u00edamos llegar a tener unos 2.750.000 costarricenses viviendo en San Jos\u00e9 y sus alrededores, en tanto que solo 750.000 ocupar\u00edan el resto del territorio nacional. Es decir, el pa\u00eds presentar\u00eda una concentraci\u00f3n excesiva y por ende un desequilibrio extremo en el desarrollo espacial.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Concentraci\u00f3n de la poblaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Nuestro proceso de colonizaci\u00f3n se dio desde la Meseta Central hacia las dem\u00e1s regiones del pa\u00eds. La existencia de terrenos bald\u00edos hizo posible afrontar con \u00e9xito el problema del elevado crecimiento de nuestra poblaci\u00f3n. Se ha dicho, con acierto, que la disponibilidad de tierras estatales constituy\u00f3 en nuestro pasado reciente una importante v\u00e1lvula de escape. Pero esta tendencia inicial se ha invertido y estamos experimentado un proceso de concentraci\u00f3n de los habitantes en el \u00e1rea m\u00e1s urbana del territorio, lo cual pone de manifiesto que la llamada \u00abfrontera agr\u00edcola\u00bb, es decir las tierras libres, se han agotado.<\/p>\n<p>En la actualidad, casi toda la tierra \u00fatil para la agricultura y la ganader\u00eda tiene due\u00f1o. En los \u00faltimos lustros han surgido problemas de tenencia de tierras en algunas zonas del pa\u00eds, sobre todo en el Pac\u00edfico Sur, en la regi\u00f3n Norte y en el Atl\u00e1ntico. Los terrenos que permanecen en manos del Estado, con excepci\u00f3n de los adquiridos por el ITCO recientemente, son de aptitud m\u00e1s bien forestal o de delicado equilibrio ecol\u00f3gico. Nuestros campesinos necesitan trabajar y prefieren hacerlo en sus propias parcelas. Muchas de las tierras ya ocupadas no se explotan debidamente, lo cual reduce las posibilidades del campesino para encontrar empleo remunerado.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>La pobreza en las zonas rurales<\/strong><\/p>\n<p>La mayor\u00eda de quienes viven en la pobreza se encuentra en las zonas rurales y sufre grandes privaciones. Para quienes son propietarios, su problema radica fundamentalmente en la escasa productividad de las explotaciones agr\u00edcolas de subsistencia, incapaces en much\u00edsimos casos de proveer el alimento de sus propias familias. Para los asalariados agr\u00edcolas la situaci\u00f3n no es distinta, pues son muchos los que solo encuentran empleo ocasional. Unos y otros, angustiados por su precaria situaci\u00f3n, emigran hacia las ciudades, con la esperanza de encontrar en ellas mejores condiciones de vida. Sin embargo, su escasa o nula preparaci\u00f3n para asumir un empleo en las empresas y f\u00e1bricas de la urbe, los priva de colocaci\u00f3n y se convierten, as\u00ed, en nuevos marginados.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Patrones de consumo<\/strong><\/p>\n<p>Algunos estratos de la sociedad costarricense poseen un nivel de consumo superior a la capacidad econ\u00f3mica del pa\u00eds. En cierta medida han dificultado que la distribuci\u00f3n del ingreso beneficie a los m\u00e1s d\u00e9biles. Si los estratos alto y medio de nuestra sociedad persisten en mantener los patrones de consumo que hoy tienen, no estar\u00e1 lejano el d\u00eda en que se pierda la paz social que por tantos a\u00f1os hemos disfrutado.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Sindicatos<\/strong><\/p>\n<p>El desarrollo sindical no marcha con la velocidad que un movimiento de este tipo debe tener en un sistema democr\u00e1tico como el que vive Costa Rica. Por otra parte, las asociaciones gremiales de los trabajadores, particularmente fuertes en el sector de la administraci\u00f3n p\u00fablica, han concentrado su acci\u00f3n en demandar cada vez mayores reivindicaciones en salariales, con lo cual demuestran poco inter\u00e9s en participar en otras acciones que podr\u00edan contribuir a mejorar sustancialmente la condici\u00f3n de vida de los trabajadores y sus familias.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Violencia<\/strong><\/p>\n<p>Algunos brotes de violencia de grupos sociales impacientes ponen de manifiesto un fen\u00f3meno indeseable que amenaza con socavar el orden jur\u00eddico establecido. El uso de m\u00e9todos violentos para presionar se ha extendido a muchos sectores de nuestra sociedad: es en extremo peligroso que el cierre de calles, la invasi\u00f3n de fincas, las huelgas ilegales y otros actos similares pasen a formar parte del sistema de negociaci\u00f3n normal de los grupos demandantes.<\/p>\n<p>Esto debe cambiarse.<\/p>\n<p><strong>Redimir al pueblo del hambre, la servidumbre y la miseria<\/strong><\/p>\n<p>S\u00ed. Todo esto debe cambiarse.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica en donde la producci\u00f3n aumente de tal modo que permita mejorar el nivel y la calidad de vida de los habitantes del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica cuya estructura productiva resulte eficiente y vers\u00e1til.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica en donde los beneficios del desarrollo se distribuyan en forma m\u00e1s equitativa.<\/p>\n<p>Pienso en una sociedad costarricense fundada en la solidaridad y no en el ego\u00edsmo.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica en donde exista la igualdad de oportunidades para todos.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica sin pobreza.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica en donde el individuo se fortalezca y dependa cada d\u00eda menos del Estado.<\/p>\n<p>Pienso en una Costa Rica en donde el poder pol\u00edtico \u2014como la riqueza\u2014 se distribuya mejor.<\/p>\n<p>En fin, pienso en una Costa Rica en donde un desarrollo cada vez m\u00e1s humano redima al pueblo del hambre, la servidumbre y la miseria.<\/p>\n<p>Humanizaci\u00f3n del Estado, la cultura y la econom\u00eda<\/p>\n<p>Nuestro gran reto para lo que falta de este siglo es, entonces, humanizar al Estado, humanizar nuestra cultura, humanizar nuestra econom\u00eda.<\/p>\n<p>Creo que el gobierno del Presidente Oduber marca una etapa hist\u00f3rica en nuestro desarrollo pol\u00edtico, econ\u00f3mico y social. Tenemos que estar conscientes de que la nueva etapa de crecimiento que hoy se inicia es diferente y muy dif\u00edcil. En varias oportunidades he dicho que con la actual administraci\u00f3n comienza una nueva era, con desaf\u00edos propios, con peligros singulares y con retos implacables. Este desaf\u00edo, tanto para el Estado como para el sector privado, es hoy y no ma\u00f1ana. Los peligros que han arrasado a muchas democracias est\u00e1n aqu\u00ed. Hacer a nuestra democracia indestructible nos obliga a terminar con la miseria. No habr\u00e1 crecimiento futuro si no poseemos la fuerza pol\u00edtica necesaria para cambiar, para interpretar nuestro momento hist\u00f3rico y para perfeccionar nuestros valores culturales. No habr\u00e1 crecimiento futuro si no alcanzamos el consenso sobre la Costa Rica del ma\u00f1ana.<\/p>\n<p><strong>Posibilidades de alcanzar las metas<\/strong><\/p>\n<p>Es posible que discrepemos en cuanto a los medios, pero estoy seguro de que habremos de concordar respecto a los fines. Cabe preguntarnos ahora si el pa\u00eds tiene posibilidades de alcanzar las metas a que antes me refer\u00ed. Examin\u00e9 hasta d\u00f3nde no es dable acercarnos a un desarrollo con justicia y libertad.<\/p>\n<p><strong>Crecimiento<\/strong><\/p>\n<p>Seg\u00fan algunos estudios preliminares realizados por la Oficina de Planificaci\u00f3n Nacional y Pol\u00edtica Econ\u00f3mica, el pa\u00eds est\u00e1 en capacidad de crecer a un ritmo similar al de los \u00faltimos quince a\u00f1os. En esos estudios se consideran las restricciones previsibles en cuanto a mercados externos, tanto en lo comercial como en lo financiero, as\u00ed como la necesidad de algunas modificaciones en aspectos tributarios, de incentivos fiscales, de estructura arancelaria, de pol\u00edtica cambiaria y de sustituci\u00f3n de importaciones y promoci\u00f3n de exportaciones; cambios considerados indispensables para alcanzar ese crecimiento. Las previsiones mencionadas indican que nuestra econom\u00eda estar\u00eda en capacidad de crecer en forma sostenida a una tasa real promedio del 6,5% al a\u00f1o durante los pr\u00f3ximos cinco lustros, lo que har\u00eda posible una mejora sustancial en el nivel de vida de la poblaci\u00f3n. Para el a\u00f1o 2000, seg\u00fan esos mismos estudios, la producci\u00f3n podr\u00eda quintuplicarse y el ingreso por habitante ser\u00eda de alrededor de 2.500 d\u00f3lares.<\/p>\n<p><strong>Poblaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Esas mismas previsiones se\u00f1alan que para el a\u00f1o 2000 Costa Rica tendr\u00e1 3.500.000 habitantes y que la poblaci\u00f3n econ\u00f3micamente activa ser\u00e1 de 1.300.000 personas. En consecuencia, habr\u00e1 que proveer 24.000 empleos nuevos anualmente. Para lograr lo anterior ser\u00e1 indispensable, si deseamos disminuir nuestra alta dependencia del exterior, moderar en alguna medida el nivel de consumo actual, en beneficio del consumo futuro.<\/p>\n<p><strong>Cambios requeridos<\/strong><\/p>\n<p>Si bien podr\u00edamos continuar detallando las posibilidades que tiene nuestro pa\u00eds para seguir creciendo, considero importante hacer hincapi\u00e9 en que todas las previsiones exigen ciertos cambios de las condiciones actuales. Entonces, la cuesti\u00f3n consiste en analizar si, con base en los recursos f\u00edsicos y humanos de que disponemos, estamos en capacidad de adecuar la conducta de nuestra sociedad a las exigencias del futuro, y si estamos dispuestos a aunar nuestras voluntades para construir el destino com\u00fan de Costa Rica. Es ah\u00ed en donde est\u00e1, precisamente, el meollo de la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>El comportamiento de las clases privilegiadas<\/strong><\/p>\n<p>El crecimiento econ\u00f3mico de las pasadas d\u00e9cadas benefici\u00f3 a ciertos sectores de la poblaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n nos trajo un indeseable fen\u00f3meno: el ego\u00edsmo de determinadas clases y su indiferencia frente a la situaci\u00f3n de miles y miles de costarricenses para quienes el desarrollo econ\u00f3mico tiene poco o ning\u00fan sentido, porque no ha cambiado lo suficiente la condici\u00f3n de privaciones en que siguen viviendo. Mucho me temo que se corra el riesgo de que las clases privilegiadas, si no se solidarizan con los cambios mencionados, trasladen ma\u00f1ana al campo pol\u00edtico su ego\u00edsmo econ\u00f3mico de hoy, para conservar sus privilegios, aun cuando ello suponga la abolici\u00f3n de las libertades de la mayor\u00eda de los costarricenses. Un fen\u00f3meno semejante se dio en otros pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina, otrora ejemplos de democracia, que terminaron por caer en manos de las dictaduras. En efecto, en esas naciones el crecimiento econ\u00f3mico hab\u00eda llegado a niveles similares al que hoy tiene Costa Rica.<\/p>\n<p>Los grupos privilegiados optaron, en el momento en que seguir creciendo se hac\u00eda dif\u00edcil, por extender al campo pol\u00edtico su ego\u00edsmo econ\u00f3mico, y encontraron en los grupos revolucionarios delirantes, sus mejores aliados para acabar con la democracia. Mientras tanto, el Estado se mostraba incapaz de modernizar sus estructuras dentro del r\u00e9gimen de libertades existente. Por otra parte, cuando el empresario deb\u00eda mostrar una mayor eficiencia para enfrentar los nuevos requerimientos del desarrollo, prefiri\u00f3 ceder ante la c\u00f3moda posici\u00f3n de demandar al sector p\u00fablico mayores ventajas, m\u00e1s y m\u00e1s protecci\u00f3n estatal. Al mismo tiempo, las clases burocr\u00e1ticas clamaban por reivindicaciones salariales y privilegios, hasta el punto de enervar la capacidad del sistema productivo para satisfacerlos. La instauraci\u00f3n del autoritarismo no se hizo esperar, la sociedad entera perdi\u00f3 sus libertades, y se sumi\u00f3 en el temor, en la inseguridad y la violencia.<\/p>\n<p><strong>No son los pobres<\/strong><\/p>\n<p>Los brotes de impaciencia y de intolerancia, en el caso de Costa Rica, no provienen de la poblaci\u00f3n que se ha mantenido al margen del desarrollo. Nos son los pobres quienes han protagonizado la incipiente violencia que se manifiesta en el cierre de algunas calles y caminos y en la paralizaci\u00f3n de algunas f\u00e1bricas y servicios p\u00fablicos. No se trata de la violencia derivada de un estado de necesidad, que impide al individuo diferir para ma\u00f1ana lo que le es indispensable tener hoy. Por el contrario, esa violencia se manifiesta, precisamente, en grupos que ya disfrutan los beneficios de nuestro desarrollo y cuyo ego\u00edsmo les impide posponer para m\u00e1s adelante el disfrute de cierto consumo no indispensable, muchas veces superfluo.<\/p>\n<p><strong>Democracia y justicia social<\/strong><\/p>\n<p>Ahora bien, hay quienes dudan de que se pueda alcanzar una mayor justicia social y un desarrollo econ\u00f3mico satisfactorio dentro del marco de la democracia. Incluso, se ha dicho que la democracia es un sistema obsoleto de gobierno y que por ello carece de capacidad para satisfacer las demandas de la sociedad de nuestros d\u00edas. Pero estas opiniones soslayan un hecho evidente: las crisis actuales no se presentan solo en los reg\u00edmenes democr\u00e1ticos, y de ello hay abundantes y fehacientes pruebas. Por el contrario, las naciones democr\u00e1ticas se enfrentan con buen \u00e9xito a las cambiantes realidades del mundo. La democracia es suficientemente flexible e imaginativa para hallar nuevas salidas y soluciones a las dificultades que surgen a cada paso. No debemos dejarnos enga\u00f1ar por la propaganda: el sistema democr\u00e1tico tiene ventajas muchos mayores que las que pueden ofrecer los reg\u00edmenes autocr\u00e1ticos.<\/p>\n<p>Nuestro desarrollo tiene que darse, necesariamente, dentro del marco democr\u00e1tico. Esta es la primera premisa. Y para que nuestra democracia sobreviva es indispensable perfeccionarla, convertirla en una democracia de participaci\u00f3n real y efectiva.<\/p>\n<p><strong>Acciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas<\/strong><\/p>\n<p>En primer lugar, es preciso emprender una vigorosa acci\u00f3n tendiente a humanizar el Estado. Debemos terminar con la burocratizaci\u00f3n despersonalizante, centralizada y gigantesca, que amenaza con deshumanizar las relaciones entre los individuos.<\/p>\n<p>Por otra parte, es necesario hacer m\u00e1s eficientes los servicios estatales, mediante f\u00f3rmulas que permitan el control popular de esos servicios y la sanci\u00f3n inmediata de los funcionarios incompetentes.<\/p>\n<p>Humanizar al Estado implica, tambi\u00e9n, la descentralizaci\u00f3n de sus servicios. Muchos de estos servicios deben prestarse por medio de los gobiernos locales y otro tipo de organizaciones. De este modo se logra que las comunidades participen directamente en la soluci\u00f3n de sus propios problemas y en las decisiones que las afectan.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n supone robustecer al individuo frente al Estado, el cual debe estar al servicio de aqu\u00e9l. Es indispensable estimular la organizaci\u00f3n de los diversos grupos sociales en cooperativas, sindicatos empresariales y laborales, empresas de autogesti\u00f3n y otras formas semejantes de asociaci\u00f3n. No debe haber un patr\u00f3n \u00fanico para canalizar la participaci\u00f3n de los distintos estratos sociales en la formulaci\u00f3n de la pol\u00edtica y en el proceso decisorio. Deben crearse todas aquellas organizaciones que la gente misma considere convenientes para alcanzar sus objetivos en los campos social, econ\u00f3mico, cultural y pol\u00edtico. La caracter\u00edstica indispensable de estas organizaciones ha de ser su autonom\u00eda, de tal manera que no puedan ser manipuladas ni manipulables, es decir, deben ser entes sujetos \u00fanica y exclusivamente a las decisiones de sus propios integrantes.<\/p>\n<p>Creo que para vigorizar nuestra democracia es urgente lograr una m\u00e1s equilibrada participaci\u00f3n de todos los grupos dentro de los \u00f3rganos decisorios, tanto p\u00fablicos como privados. La democracia requiere, sobre todo en las actuales circunstancias, no solo una mayor participaci\u00f3n de los diversos sectores sociales en la lucha por el desarrollo econ\u00f3mico, social y cultural, sino tambi\u00e9n y especialmente, un mayor acceso a la propiedad de los medios de producci\u00f3n, al trabajo y a la educaci\u00f3n. La democracia debe ofrecer a los pueblos la alternativa de un sistema econ\u00f3mico de muchos propietarios. Cuanto m\u00e1s nos demoremos en distribuir equitativamente el poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico, m\u00e1s cerca estaremos de destruir nuestra democracia. El desaf\u00edo que nos imponen los pr\u00f3ximos veinticinco a\u00f1os, hasta culminar el siglo, es el de lograr una mayor bienestar social y econ\u00f3mico para todos los costarricenses dentro de un sistema pol\u00edtico que haga compatibles la autoridad con la libertad. La ausencia de autoridad propicia la anarqu\u00eda y la ausencia de libertad propicia la corrupci\u00f3n. Sin autoridad no hay orden y sin libertad no hay moralidad. El reto de nuestro tiempo es la transformaci\u00f3n de la democracia representativa en la democracia participativa.<\/p>\n<p>Si no podemos fortalecer nuestra democracia con base en estos principios, no nos ser\u00e1 posible crear la nueva sociedad solidaria del futuro.<\/p>\n<p>En el campo econ\u00f3mico, nuestro primer objetivo ha de ser el robustecimiento de la autonom\u00eda nacional. Para lograrlo, se requiere revertir el proceso de la dependencia actual y encontrar el camino de una mayor interdependencia. Tendremos que hacer un serio esfuerzo por aumentar el ahorro interno, si deseamos un crecimiento econ\u00f3mico m\u00e1s aut\u00e1rquico.<\/p>\n<p>El pa\u00eds ya conoce las limitaciones que el modelo agroexportador, primero, y el de sustituci\u00f3n de importaciones, despu\u00e9s, representaron para alcanzar un equilibrado crecimiento. Tales experiencias nos conducen a pensar en un patr\u00f3n productivo basado en el potencial m\u00e1s importante de nuestro pa\u00eds, que reside en la riqueza de sus suelos, la abundancia de sus mares, el caudal de sus r\u00edos y por sobre todo en las virtudes de su poblaci\u00f3n. Un modelo que, asimismo, procure un grado razonable de autosuficiencia en la satisfacci\u00f3n de los requerimientos b\u00e1sicos de una poblaci\u00f3n creciente. En suma, un modelo predominantemente agroindustrial, flexible y vers\u00e1til, en cuya implantaci\u00f3n y de cuyo \u00e9xito debemos responsabilizarnos, con \u00e1nimo decidido, todos los costarricenses.<\/p>\n<p>Por otra parte, es necesario propiciar con vigor una mayor igualdad en la distribuci\u00f3n del ingreso, la riqueza y las oportunidades. Ciertamente, la pol\u00edtica redistributiva es muy compleja y las experiencias hist\u00f3ricas en este aspecto han sido frustrantes en gran parte de los casos. Pero, y precisamente por ello, debemos redoblar esfuerzos y ser m\u00e1s audaces para conquistar nuestras metas.<\/p>\n<p>La propiedad es una de las principales determinantes de la riqueza, y de ah\u00ed que sea indispensable un persistente empe\u00f1o por alcanzar una mayor democracia econ\u00f3mica. Se requiere, entonces, de una gran voluntad para hacer posible que en los pr\u00f3ximos veinticinco a\u00f1os haya muchas nuevas familias propietarias. El Estado debe propiciar y facilitar este proceso.<\/p>\n<p>La igualdad de oportunidades econ\u00f3micas nos obliga, asimismo, a comprometernos en una lucha sin desmayos para erradicar la miseria de nuestro suelo y obtener una econom\u00eda de pleno empleo.<\/p>\n<p>Mientras subsista la dependencia cultural a que estamos sometidos, no ser\u00e1 posible lograr los cambios necesarios para seguir creciendo en forma satisfactoria y para distribuir con equidad los beneficios del crecimiento. Creo que en este esfuerzo el papel de nuestros centros de ense\u00f1anza superior es de suma transcendencia. Si las universidades fracasaran en la preparaci\u00f3n de los profesionales y los t\u00e9cnicos que nuestro desarrollo demanda, sufrir\u00edamos un grave estancamiento. En estos centros del saber debe producirse cuanto antes un cambio cualitativo de programas, que facilite la creaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n de la tecnolog\u00eda a las peculiares condiciones de nuestro pa\u00eds. En una palabra, las universidades deben sumarse decididamente al esfuerzo nacional de los pr\u00f3ximos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Afirm\u00e9 antes que los patrones de consumo de nuestra sociedad deben cambiar. Esto es indispensable no solo por meras razones econ\u00f3micas \u2014de por s\u00ed vitales para el pa\u00eds\u2014, sino tambi\u00e9n por razones de justicia y de solidaridad. En el futuro pr\u00f3ximo deberemos redoblar esfuerzos por establecer criterios de consumo que, aceptados por todos los costarricenses, no nos alejen de la Costa Rica a que aspiramos para el a\u00f1o 2000. En este aspecto, habr\u00eda que establecer tres niveles. En primer lugar, el de consumo b\u00e1sico, es decir, la satisfacci\u00f3n de las necesidades alimentarias: ning\u00fan costarricense debe pasar hambre. Luego, el que pudi\u00e9ramos llamar consumo colectivo, conforme al cual todos los habitantes disfruten de los servicios de agua potable, vivienda, electricidad, alcantarillado, educaci\u00f3n y salud, recreaci\u00f3n e instalaciones para el cuidado de los ni\u00f1os. Solo una vez que se hayan satisfecho ambos niveles de consumo se pasar\u00eda al tercer nivel, o sea, al consumo no indispensable o suntuario. Nadie debe tener derecho a lo superfluo mientras haya quien carezca de lo indispensable.<\/p>\n<p>Estoy seguro de que los costarricenses comprendemos que hemos llegado a una etapa de nuestro desarrollo en la cual la satisfacci\u00f3n de algunas necesidades suntuarias debe ser diferida en beneficio de los dos primeros niveles que mencion\u00e9. Si as\u00ed no fuese, en los a\u00f1os inmediatos la impaciencia de los m\u00e1s favorecidos ser\u00e1 suplantada, con justicia, por la de los pobres.<\/p>\n<p><strong>La f\u00f3rmula pol\u00edtica apropiada<\/strong><\/p>\n<p>La sociedad costarricense debe transformarse en una sociedad de participaci\u00f3n, y para lograrlo no queda, en verdad, mucho tiempo.<\/p>\n<p>Las demandas que nos presentar\u00e1n los pr\u00f3ximos veinticinco a\u00f1os hacen imperativa la existencia de partidos pol\u00edticos fuertes, que ofrezcan al pa\u00eds alternativas responsables y serias de conducci\u00f3n social, que ejerzan un papel de freno y contrapeso y que cumplan una funci\u00f3n fiscalizadora.<\/p>\n<p>Para lo que falta de este siglo debemos encontrar una f\u00f3rmula pol\u00edtica que, manteniendo la libertad, se\u00f1ale y demande de todos los grupos sociales una mayor responsabilidad, una mayor justicia y una m\u00e1s alta comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>En la medida en que logremos preservar nuestra democracia, y robustecerla, forjaremos la Costa Rica justa e independiente que anhelamos, en donde la pobreza solo sea un recuerdo del pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Discurso pronunciado el 15 de noviembre de 1976 por el Dr. Oscar Arias S\u00e1nchez, Ministro de Planificaci\u00f3n Nacional y Pol\u00edtica Econ\u00f3mica, en el simposio \u00abLa Costa Rica del a\u00f1o 2000\u00bb, celebrado en el Teatro Nacional, de San Jos\u00e9, Costa Rica,&hellip; <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":640,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-835","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-discursos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/835","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=835"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/835\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/media\/640"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=835"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=835"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/oscararias.cr\/sitioweb\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=835"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}