Oscar Arias Sánchez
Almuerzo mensual de la Cámara Costarricense-
Norteamericana de Comercio
Hotel Corobicí, San José.
13 de noviembre de 1986

Asumir nuestros compromisos
Las circunstancias históricas nos colocan, hoy, ante cruciales desafíos en todos los órdenes de la vida nacional e internacional. Si deseamos conservar nuestras libertades, si queremos consolidar cada día más nuestra democracia, si pretendemos preservar la paz, hemos de estar dispuestos a asumir los compromisos que nos corresponden, cualquiera sea la función que desempeñemos en la sociedad.
Costa Rica reclama más solidaridad. No podemos permanecer indiferentes ante la angustia de tanto costarricense que no tiene una vivienda digna para cobijar a su familia. No podemos permanecer impasibles ante la falta de empleo de muchos de nuestro compatriotas. No podemos permanecer insensibles ante la desesperación de quienes no poseen un pedazo de tierra para producir su sustento. En suma, no podemos permanecer tranquilos mientras Costa Rica se enfrenta al peligro de perder su libertad, su régimen democrático y su paz.
El compromiso de luchar para resolver nuestros problemas de hoy y para heredarles a nuestros hijos una patria más próspera y más justa, está por encima de todo interés particular. Es un compromiso que trasciende todo partidismo político. Es una responsabilidad de todos, gobernantes y gobernados.
Se necesita un cambio de actitud
Se requiere, en verdad, un cambio de actitud, tanto de las autoridades políticas como de la población. Necesitamos cambiar todo aquello que nos impide progresar hacia una democracia de participación real y efectiva y hacia una democracia económica. Es preciso que acabe el egoísmo de ciertos grupos privilegiados, que miran con indiferencia la miseria de muchos de nuestros hermanos. Si no logramos establecer pronto una sociedad más solidaria, no podremos consolidar nuestro régimen democrático y nuestras libertades. Nos corremos, así, el riesgo de que la violencia nos arrastre a una guerra fratricida y haga desaparecer de nuestra amada tierra la paz, la libertad y la democracia, que hoy tanto nos enorgullecen. Si no hacemos el cambio social a tiempo para economizar sangre, alguien podría pretender hacerlo con sangre para economizar tiempo. Así lo he advertido muchas veces.
Resulta imperativo, en primer lugar, modificar nuestras concepciones éticas. Urge que aprendamos a discernir claramente acerca de la escala de valores. Es preciso que consideremos a los bienes y los servicios como medios para humanizar a la sociedad y no como fines en sí mismos. El consumo es un instrumento para lograr el bienestar de los pueblos. Se come para vivir y no se vive para comer, como dice el adagio. Trastrocar esos términos entraña la amenaza de deshumanización de la sociedad.
Debemos tener claro que la honestidad debe ser la guía de nuestra conducta, tanto en el sector público como en el sector privado. No podemos permitir que el poder político se utilice para adquirir más poder económico. Consentirlo significaría traicionar la confianza depositada en nosotros por todo un pueblo, que espera con fe ser redimido de la injusticia.
Empresa privada y Estado
Conviene que reflexionemos acerca del papel que les ha correspondido a la empresa privada y al Estado en el desarrollo nacional, así como el que deben asumir para el futuro inmediato.
El empresario emprende la tarea de transformar los recursos y la energía en bienes y servicios susceptibles de intercambiarse en el mercado. Aplica su talento y su creatividad para articular factores humanos, materiales y financieros, a fin de conquistar la preferencia de los compradores en ese proceso, ejerce la doble acción de generar ideas y tecnologías y utilizar insumos, por una parte; y, por otra, distribuir el producto final en el mercado. Es, en realidad, el gran transformador.
Pero el empresario no está solo. No realiza su importante función social de manera independiente. Lo acompañan, de modo imprescindible, los trabajadores y el Estado. El papel de éste en el desarrollo socioeconómico nacional tiene particular importancia, sobre todo en un régimen político de libertades como el de Costa Rica. La libertad produce empresa privada. Creo que el orden correcto de los términos de la proposición es ése. Sin libertad, en efecto, no es posible el desarrollo pleno de la iniciativa particular.
En Costa Rica, el papel del Estado ha sido, principalmente, crear condiciones apropiadas para que los particulares se desarrollen con toda libertad en la búsqueda de un porvenir satisfactorio. En especial a partir de 1949, la estructura política del Estado ha tenido como propósito promover el desarrollo. Como lo dije en uno de mis libros, hemos creado un «welfare state», un Estado benefactor, mientras en otros países se creaba un «garrison state». Esto ha inducido a muchos de nuestros compatriotas a pensar que el Estado debe resolver todos los problemas y a que las necesidades solo pueden ser satisfechas mediante la creación de entidades gubernamentales. Sin embargo, la madurez política alcanzada por gran mayoría de nuestro pueblo y ha permitido determinar le ha permitido determinar cuál es el grado de participación estatal más acorde con el desarrollo del país. Recordemos aquí que nuestra sociedad repele las posiciones extremas, tanto las individualizantes como las estatizantes.
Un nuevo concepto de política económica
Es cierto que el Estado tuvo una notable influencia, durante la pasada década, en el crecimiento económico; pero es evidente, también, que ya no se le puede considerar el motor de la economía. La estrategia del desarrollo económico y social debe modificarse. Mi gobierno está empeñado en consolidar un nuevo concepto de política económica, de manera que se logre transformar y modernizar la economía a base de la orientación del Estado, pero no de su intervención directa. Lo que pretendemos es que la actividad empresarial privada se responsabilice de llevar a cabo esa transformación, en conjunto con la clase trabajadora.
Ante la magnitud y la profundidad de los problemas que encaramos, es indispensable una nueva concepción de las instituciones públicas, a la luz del papel que la corresponderá en los próximos años al sector privado. El desarrollo económico debe ser el resultado del esfuerzo conjunto de esas instituciones y de los particulares.
Pero eso no es suficiente. No podemos hablar de verdadero desarrollo económico si los frutos de ese esfuerzo no se distribuyen equitativamente. El crecimiento económico debe conducir a aumentar el bienestar de la gran mayoría de los habitantes y a terminar con odiosos privilegios de grupo. El proceso de desarrollo no puede abandonarse a las vicisitudes de las fuerzas del mercado. El Estado tiene que actuar como guía de este proceso. La empresa particular y las familias están llamadas a hacer lo posible.
Estoy convencido de que no se justifica que el Estado siga creciendo al mismo ritmo que lo ha hecho hasta ahora. Creo que es más importante favorecer al individuo, que seguir creando instituciones estatales. Es urgente propiciar la organización de los individuos, vigorizar, a los grupos humanos y ayudarles, de esa manera, a que puedan influir en la toma de decisiones que los afectan.
Una tarea urgente: producir más
Soy un ferviente demócrata. La democracia guía mi pensamiento y mi conducta, tanto en mi vida pública como en mi vida privada. Por eso, me complace asistir a todo diálogo a que se me invite. La confrontación de ideas abre ricas posibilidades para hallar, por la vía del consenso, las mejores soluciones a los problemas que nos aquejan, y contribuir para la prosperidad de nuestro pueblo.
Costa Rica tiene una tarea urgente que cumplir: debe producir más y exportar más. Debemos conjugar nuestras voluntades para lograrlo. Somos un pueblo que consume lo que no produce, y que produce lo que no consume. Por eso, es necesario aumentar la eficiencia, tanto del sector público como de la empresa privada. Por eso, mi gobierno propicia un mayor crecimiento de la producción. Con ello se crean nuevas fuentes de trabajo. Nuestro propósito es sentar las bases que hagan posible convertir a Costa Rica en el primer país desarrollado de América Latina.
Sabemos que le crecimiento económico es condición indispensable para el desarrollo, pero que no es suficiente. El desarrollo supone la distribución equitativa de los frutos de ese crecimiento. El Estado debe brindarle al ser humano toda clase de posibilidades para convertirse en el gestor del desarrollo. Así lo exige la dignidad de la persona, así lo exige nuestra conciencia cristiana, así lo demanda la preservación de la paz, de las libertades y de la democracia. Habremos cumplido con nuestra responsabilidad cuando, hermanados en una sola voluntad creadora, trabajadores, patronos y Estado luchen por el mejoramiento económico y social de toda la población.
Un saldo positivo
A pesar de todos los contratiempos, lo que hemos hecho hasta hoy arroja un saldo positivo. Mi gobierno está animado de buena fe. Actuamos con toda responsabilidad y convencidos de que hacemos todo lo que creemos y creemos en todo lo que hacemos. La honestidad es nuestra guía. Actuamos, sobre todo, con humildad: humildad para admitir que no tenemos respuesta para todos los problemas; humildad para aceptar y promover toda buena iniciativa, no importa su procedencia.
Por convicción moral, por honestidad intelectual, los integrantes del equipo de gobierno mantenemos —y mantendremos siempre— un comportamiento rectilíneo, sin dobleces, sabedores de que no puede complacerse a todo el mundo, pero de que sí debe satisfacerse el mandato de la sociedad. Consciente de que gobernar es escoger, me he propuesto propiciar el bienestar de las mayorías y, sobre todo, el de los más necesitados. Ninguna presión, ningún interés egoísta, ningún deseo ilegítimo nos hará ceder. No vamos a claudicar en nuestro empeño en favorecer a nuestra patria.
Ustedes saben de los empeños de mi gobierno por sanear las finanzas públicas, por disminuir el déficit del sector público. Ustedes conocen nuestro propósito y nuestras acciones tendientes a modificar la estructura de producción del país. Ustedes saben de nuestras gestiones para adecuar el pago de la deuda externa a las posibilidades financieras del país. Ustedes son testigos de la seriedad y la responsabilidad con que estamos actuando para racionalizar el tamaño del sector público, para modernizar el sistema tributario, para eliminar las desviaciones artificiales de los costos de los servicios públicos. A ustedes les consta que estamos eliminando privilegios y discriminaciones en el otorgamiento del crédito bancario, que se destina hoy al sector privado en mayor proporción que al sector público.
Estamos dispuestos a suscribir un acuerdo de contingencia con el Fondo Monetario Internacional cuanto antes sea posible, pues de eso dependen, en buena medida, nuestras relaciones con la comunidad financiera internacional. El 24 de este mes arribará al país una misión de ese organismo, para negociar los términos y las condiciones del nuevo convenio.
Por otra parte, nos hemos presentado ante los acreedores internacionales con una propuesta basada en el principio de que, para pagar, primero hay que crecer. Pretendemos cerrar la brecha de recursos externos mediante una reducción del servicio de la deuda, y no por medio de la obtención de más crédito para pagarla. Nuestra propuesta consiste en renegociar una obligación de l.500 millones de dólares con los bancos comerciales del exterior, a 25 años de plazo, con 7 años de gracia y a una tasa fija de interés no superior al 6 por ciento anual. Por ahora, los bancos han preferido esperar a que el país firme el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, para luego continuar las negociaciones de arreglo.
Todos esos empeños apuntan hacia el mejoramiento de la economía nacional, y conducen a la solución de los problemas financieros que hoy afronta el Estado. Son, además, causa de la comprensión que los organismo internacionales han venido brindándole al gobierno en estos primeros seis meses de nuestro mandato. Pero también son evidencia del optimismo que despierta, tanto de parte de nuestra población como de parte de la comunidad internacional, el esfuerzo sincero que realiza nuestro país para superar las dificultades.
Esfuerzo mancomunado
El gobierno promueve una profunda y novedosa transformación de la economía nacional, especialmente en la estructura de producción de artículos exportable. En esa labor, el Estado y sus instituciones, así como las empresas privadas y los trabajadores, jugarán un papel trascendental. La complejidad, la profundidad y la urgencia de este proceso demanda un gran esfuerzo mancomunado de toda la sociedad. Ni las Instituciones estatales ni las empresas privadas, cada una por su lado, pueden producir ese cambio sin la responsable actitud de la clase trabajadora. Se requiere mucha visión y gran imaginación, a la vez que un decidido compromiso.
Estamos estableciendo las condiciones necesarias para iniciar esa nueva pauta de desarrollo. Hemos procedido a rediseñar la política de atracción de inversiones y de fomento de las exportaciones. Queremos crear una nueva actitud empresarial, no solo en el sector privado, sino también entre los funcionarios del Estado. Sabemos que esto es difícil, que implica modificar costumbre y valores muy arraigados. Pero estamos convencidos de que es impostergable.
Hago a los empresarios del país un vehemente llamado para comprometerse en esta urgente tarea por el bienestar de Costa Rica. Solo a base de un esfuerzo conjunto de todos los sectores sociales será posible preservar, para nosotros y para nuestros hijos, este oasis de paz, de libertad y de democracia con que Dios nos ha favorecido.
Muchas Gracias