Oscar Arias Sánchez es quizá el político más relevante que ha dado nuestra tierra. Estas memorias son historia viva, el relato íntimo de un hombre que es a la vez el relato de la época que le tocó presenciar. Se desgranan en estas páginas los años de formación de un líder político que tuvo una visión que logró cristalizar para el bien de su pueblo y se rememoran los momentos fundamentales de diversos procesos políticos, luchas ideológicas y debates que permitieron conseguir logros históricos que repercuten aún en la vida política de hoy.
Palabras liminares
Oscar Arias Sánchez
No es fácil desembalar los recuerdos cuando han pasado tantos años y tantos eventos. Pero, aunque no sea fácil, es hermoso recorrer de nuevo los primeros senderos del alma. Es hermoso abrir las ventanas del corazón para que entre la luz hasta las esquinas del olvido y el tiempo. Hoy abro de nuevo las cajas del recuerdo y desempaco lentamente esa parte de mi corazón, habitante de los más recónditos rincones del pasado.
Así como no hay manera de conocer las raíces de un árbol cuando se le pasa de lejos, no es posible vislumbrar el carácter de un hombre tan solo con estudiar su rostro. Se pueden conocer las raíces de un hombre con la paciencia del excavador, con la perseverancia de quien poco a poco va perforando la superficie, recorriendo capa a capa hasta llegar al último estrato, a la última esquina de la vida o del pensamiento.
Eso es lo que he hecho con este libro: he excavado con paciencia en lo más profundo de mis recuerdos, he hecho surgir los parajes más recónditos de mi carácter, he puesto en palabras lo que he vivido a través de los años. Algunos dirán que las palabras son solo palabras, apenas hojas que se lleva el viento. Pero yo les digo que cuando vienen del corazón, cuando son el producto de la reflexión, cuando son el reflejo de quien quiere contar su historia, esas palabras son acciones, son hechos que adquieren vida a través del tiempo.
Porque, aunque un hombre no es un evento particular, cada evento revela su carácter. En este libro se lee mi carácter. Cada una de sus páginas es también mi fisonomía, el rostro de mi pensamiento y mis acciones dibujado en letras y símbolos. Aquí se encuentran las causas a las que he consagrado mi vida: el desarrollo sostenible, la justicia, la democracia, la libertad, la solidaridad, la honestidad, la generosidad, la igualdad de género y el combate contra la miseria material y espiritual del ser humano, la hucha por la reducción de las armas, la desmilitarización y, sobre todo, la defensa apasionada de la paz, que ha ido el faro ético de mi marcha en este mundo.
Martín Luther King Jr. nos dijo en una oportunidad: “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.” Creo que si estas páginas pueden ayudar a algún joven, a alguna madre, a algún anciano a entender una esquina de su realidad, a abonar un fragmento de su esperanza, entonces no habré vivido en vano y este libro tiene un sentido profundo: significa que la comunicación política es mucho más que la persecución de objetivos inmediatos en tal o cual agenda partidista, que la comunicación política es, en el sentido más noble de la expresión, una conversación abierta y responsable con la gente.
El Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, en su Viaje a la Alcarria, dijo alguna vez que «La más noble función de un escritor es dar testimonio, como acta notarial y como fiel cronista, del tiempo que le ha tocado vivir«. Cuando concebí este libro no pretendí jamás escribir con la elegancia de los escritores, pero sabía bien que también yo, como político y educador, tenía la responsabilidad y la obligación de presentar mi propia acta notarial y ser cronista de mi tiempo.
Dice un proverbio hindú: «un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora«. A todos los que han hecho de los libros su patria espiritual, a todos los jóvenes y adultos que no han renunciado a soñar, les presento Páginas de mi memoria con el más ferviente deseo que este libro abierto y no cerrado, ni olvidado ni destruido, pueda ser fuente de inspiración y de estímulo intelectual.
