Una alianza para la libertad y la democracia

Discurso

Óscar Arias Sánchez, Presidente de la República, Toma de Posesión, 8 de mayo de 1986.

Hace unos momentos juré, ante Dios y ante Costa Rica, servir a mi patria desde la Presidencia de la República. Asumo el cargo por mandato de un pueblo orgulloso de su democracia centenaria, forjado en la libertad de sus hijos, cuya soberanía descansa no solo en fundamentos jurídicos, sino también en el respeto y en la admiración que le profesan las demás naciones.

Reafirmo aquí las palabras del Presidente José María Castro Madriz:

«Quiero que mi patria, ya que no puede ser temida por su fuerza, sea considerada por su justicia y cordura, de modo que sobre cualquier agravio que se le infiera, recaiga el anatema del mundo civilizado. No tenemos escuadras, tengamos la simpatía de las naciones.»

Estas palabras, dichas hace más de un siglo, tienen validez para la Costa Rica de ayer, de hoy y de siempre.

Mi conciencia del deber —pero sobre todo mi amor por Costa Rica— me mueve a definir ante ustedes los objetivos de mi gobierno, a confirmar ante mi país y ante el mundo los principios que orientarán la actividad política de la nueva Administración .

Dejo constancia de esos objetivos y principios como garantía de que nuestra democracia no se manchará nunca con palabras o acciones reñidas con la voluntad popular expresada en las elecciones; como confirmación de que nadie podrá poner en duda la independencia del Estado frente a los distintos grupos sociales; como testimonio de nuestro inquebrantable apego a los valores patrios; como homenaje de gratitud a la inspiración de nuestros antepasados; como bienvenida optimista a esa Patria Joven que asume hoy la responsabilidad de responder a los graves retos que nos amenazan; como aliento de esperanza de los más humildes; como acción de gracias a Dios por esta Costa Rica nuestra.

Un mundo difícil y atormentado

Nunca antes, en nuestra historia, estuvieron tan estrechamente vinculados los aspectos internos y externos que condicionan la vida de la nación. Ya no es posible hablar de paz y libertad, ni asumir decisiones sobre nuestro desarrollo, sin antes tomar en cuenta los acontecimientos más allá de las fronteras del país. Garantizar la libertad y el reparto justo de los frutos del crecimiento entre las naciones, demanda hoy la formación de alianzas basadas en valores y principios compartidos de buena fe.

Vivimos en un mundo difícil y atormentado. Estamos en una región en donde, a los graves problemas económicos y sociales, propios del contexto Norte-Sur, se suman, de modo inequívoco, los del enfrentamiento Este-Oeste. Así, se ha configurado, en el corazón de las Américas, una cruz que proyecta sombrías perspectivas. Es una de esas cruces que señalan los linderos entre la guerra y la paz, y que marcan en el mapa de la humanidad los lugares en donde se pone en peligro la convivencia pacífica.

Vivimos en un mundo difícil y atormentado. Con demasiada frecuencia, constatamos que no existe correspondencia entre la velocidad con que un problema aparece y evoluciona y la lentitud de nuestras respuestas. Entre tanto, vamos acumulando, en frías estadísticas, las víctimas del terrorismo y la violencia, los seres humanos sin hogar y sin trabajo, los jóvenes devorados por la droga y el alcohol, los que mueren de hambre en el mundo, hasta envolvernos en una gigantesca maraña de insensibilidad, tras la cual escondemos la ineptitud de muchos sistemas políticos.

Vivimos en un mundo difícil y atormentado. Casi todos los días vemos cómo se aplican políticas ajenas a los valores sagrados que pretendemos compartir. Así, los ahorros de los hombres libres llegan a menudo, a través de los sistemas financieros internacionales, a tierras regidas por tiranos que aplastan las libertades. Se invoca el eufemismo de lo apolítico para entronizar, cínicamente, lo amoral. Y con las armas ¿acaso no sucede lo mismo?

Estoy convencido de que podremos superar todos los desafíos de este difícil y atormentado mundo, si somos capaces de diseñar y aplicar políticas consecuentes con nuestros más altos valores éticos. Estos valores deben regir tanto la conducta política interna como las relaciones internacionales de los Estados.

En el ámbito interno, nos hallamos ante una encrucijada. Si acertamos en escoger el camino correcto, conduciremos al país hacia la meta de la prosperidad y la justicia, mantendremos incólumes sus instituciones y fortaleceremos su régimen de libertades. Si erramos el sendero, seremos los responsables de la miseria de nuestros hijos y de la instauración del egoísmo y la tiranía.

Es preciso llamar a todos mis compatriotas a la reflexión y convocarlos a unir voluntades frente al reto ineludible de los tiempos.

La economía nacional

Durante varias décadas disfrutamos los beneficios de un desarrollo sostenido. En todos los campos de la vida nacional, esa época de progreso significó cambios importantes. Desde la educación y la salud hasta la vivienda y la recreación, hubo avances evidentes. La calidad de vida del costarricense mejoró. La democracia dio prueba de que, también en los países pobres, es el mejor sistema político para alcanzar un desarrollo justo.

La crisis económica de los años recientes, sin embargo, profundizó debilidades y desequilibrios estructurales. Aumentó la brecha entre ingresos y gastos públicos y entre importaciones y exportaciones, transformándose en un problema crónico. El país recurrió a un mayor endeudamiento externo para satisfacer necesidades de corto plazo. El nivel de vida se vio disminuido, el desempleo llegó a niveles intolerables y el país se estremeció en medio de un panorama generalizado de deterioro social.

Con grandes sacrificios de nuestro pueblo, con una política económica realista y con el apoyo generoso de países amigos, fue posible lograr una estabilidad relativa. Ahora debemos recorrer un arduo y difícil camino de cambios profundos y ajustes impostergables en la economía nacional.

Concordancia de objetivos y propósitos

Nos proponemos modernizar la estructura de la producción y aprovechar al máximo las oportunidades comerciales que se le presentan al país. Comprendemos que el futuro económico no será fácil. Lo afrontaremos con realismo. La transformación económica nos llevará paulatinamente a recuperar el nivel de vida que tuvimos antes de la crisis.

A pesar de los problemas y obstáculos, vamos a cumplir los compromisos financieros externos, pero lucharemos en todos los frentes por mejores condiciones para nuestro desarrollo.

Mi gobierno no propiciará jamás medidas que beneficien a unos pocos, o que causen sufrimiento o incertidumbre a muchos. Creo en la economía humanista, cuyo objetivo principal es el bienestar del hombre. Al definir los nuevos rumbos que Costa Rica demanda, nos proponemos, sobre todo, reorientar la economía para que nunca se desvincule de las angustias y los dolores, las alegrías y las esperanzas de nuestros hombres y mujeres.

Como nación, debemos sentirnos orgullosos del elevado consenso nacional existente ante los retos a que se enfrenta la patria. Cuando observamos el alto grado de concordancia entre los medios que los diferentes sectores propiciamos para alcanzar nuestros fines, nos damos cuenta de lo afortunados que somos. Es cierto que en algunas ocasiones las diferencias que nos separan parecen ser importantes. Frente a esas discrepancias, el tono del debate podrá ser vehemente, pero siempre será leal a los intereses de Costa Rica.

Hoy nos enfrentamos a nuevos desafíos. Los problemas del presente exigen soluciones distintas, llenas de imaginación y audacia. Las viejas soluciones no son siempre aceptables. Nunca, como ahora, el país reclama que, frente a estos retos, hagamos uso de la tradicional y hermosa virtud de concordar y luchar juntos por todo aquello que pueda engrandecernos.

Reafirmo mis compromisos

No se nos ha entregado, para moldearlo a nuestro gusto, un país como si acabara de nacer. Recibimos la responsabilidad de conducir a una nación cuyos ciudadanos tienen profundas convicciones democráticas. Una nación que ha madurado a lo largo de su historia y que ha forjado instituciones que no está dispuesta a perder.

Dichosamente, Costa Rica exhibe un perfil propio como nación, que sus conductores debemos respetar. Yo me he comprometido con una Costa Rica que ama su libertad, que es devota de la democracia y que cree firmemente en el derecho como el único medio de dirimir los conflictos entre los hombres.

Al día siguiente de las elecciones, fui a la Catedral Metropolitana. Le di gracias a Dios por el inapreciable don de ser todos vencedores luego de la contienda electoral.

Reafirmo hoy, ante el altar de la patria, los compromisos de campaña que asumí aquel día ante el altar de Dios y que se convirtieron desde entonces en propósitos para Costa Rica y su pueblo.

Regiremos todas nuestras acciones de gobierno basados en los principios espirituales de la civilización cristiana. Nunca tentación alguna habrá de apartarnos de los más sagrados valores morales. Nunca tentación alguna habrá de apartarnos de la humildad. Nunca tentación alguna habrá de apartarnos de nuestro compromiso de servir a los más humildes.

Lucharemos incansablemente por la incorporación plena de la mujer, augurio de una Costa Rica más grande, de una Costa Rica donde los odios y la violencia nunca tendrán lugar en nuestras luchas sociales, políticas y económicas.

Vamos a incorporar a la Patria Joven. Todo aquello grande y hermoso que nos entregaron nuestros antepasados, será preservado con orgullo. Pero queremos hacer también cosas nuevas, que respondan a los retos de los tiempos. Estamos en un mundo nuevo y aún no hemos resuelto problemas muy viejos, que se manifiestan dolorosamente en una Costa Rica olvidada, donde muchos compatriotas carecen de un empleo y no tienen un techo digno donde cobijar el amor de sus familias.

Solo la educación y la cultura son pilares válidos en Costa Rica para transformaciones en libertad. La disciplina, el coraje, la imaginación y la creatividad, el amor a la naturaleza y a la vida serán los propósitos nuevos que animen la educación. El goce compartido de los frutos de la cultura es nuestra verdadera riqueza, base de nuestra realización espiritual. La cultura y la educación son la fragua de la democracia y de la libertad.

Vamos a construir 80.000 viviendas y vamos a generar 25.000 empleos por año. Vamos a facilitar la creación de parques para la sana recreación de hombres y mujeres, jóvenes y viejos.

Distribuir el poder político es un imperativo. Las comunidades, por medio de los municipios y asociaciones de desarrollo, habrán de tomar sus propias decisiones. Son ellas las que mejor conocen sus problemas, y solo si cada cual asume su responsabilidad en la tarea de resolver aquello que le concierne, lograremos una sociedad más libre y más próspera.

Lucharemos por una mayor democracia económica. Las cooperativas deben extenderse a todos los rincones y actividades del país. Es este el mejor modo para que más y más costarricenses sean propietarios y participen en la tarea de forjar más riqueza para todos.

Reafirmo vigorosamente mi compromiso de luchar incansablemente contra la corrupción. No habrá cabida en Costa Rica para el narcotráfico, ni para hombres y mujeres que en la actividad pública o en la privada busquen el enriquecimiento por caminos deshonestos. Es este un mandato sagrado de nuestro pueblo, que clama en esta hora por recobrar la confianza plena entre gobernantes y gobernados. Que clama por entrar en un camino de futuro, donde no existan sombras en el alma, donde no tenga cabida la mentira en el fácil discurso demagógico y donde no exista nunca la traición en las acciones de los gobernantes.

Diremos lo que pensamos y haremos lo que decimos.

La paz, valor incuestionable

Cumpliremos fielmente el compromiso de defender y robustecer la paz y la neutralidad. Mantendremos a Costa Rica fuera de los conflictos bélicos centroamericanos y lucharemos, con medios diplomáticos y políticos, para que en Centroamérica no sigan matándose los hermanos.

Para emprender la tarea de actualizar el Estado —obra que no admite demoras— debemos comenzar por redefinir y fortalecer la seguridad y el Estado de Derecho. El cambio social que demanda Costa Rica debemos impulsarlo con la ley en la mano. El derecho es nuestro principal instrumento de cambio y de desarrollo.

La realidad de nuestro país es un vivo testimonio de que la seguridad no se preserva con las armas. Se preserva con su prestigio de nación que tiene como estandarte la razón y el derecho y que rehusa involucrarse en conflictos bélicos que puedan poner en peligro su paz y su seguridad.

Afirmo que, gracias a la política internacional puesta en práctica por Costa Rica durante la mayor parte de su historia como nación independiente —de paz, de no intervención, de neutralidad—, hemos surgido en la comunidad internacional más fuertes que si hubiésemos tenido que resguardar nuestra seguridad con las armas.

Costa Rica se mantendrá alejada de la guerra. Lo hará para fortalecer su arraigada tradición de paz. Lo hará para preservar sus tradiciones civilistas. Lo hará para conservar un clima propicio de desarrollo económico y de armonía social.

Seremos neutrales en los conflictos bélicos regionales. Estamos contra la guerra. Para nosotros la paz es un valor incuestionable. Nuestra fuerza ha sido el derecho internacional, y lo será siempre.

Nunca negociaremos sobre la dignidad nacional. No toleraremos amenaza, ofensa o acto alguno que menoscabe esa dignidad. Somos una nación de ciudadanos razonables y amantes de la paz. Pero que nadie interprete que estas virtudes, que nos enaltecen, puedan debilitar nuestra decisión inquebrantable de defender a Costa Rica. Nunca claudicaremos en nuestra lucha contra cualquier amenaza a nuestra soberanía.

Gobernar juntos

Pido a Dios que nos ilumine para que estos propósitos se arraiguen en el corazón de cada costarricense. Soy el Presidente de todos y vamos a gobernar juntos, sin ninguna discriminación. En cuanto a privilegios, haremos una excepción a favor de los más humildes. En la medida en que aumente la justicia, haremos más indestructibles nuestras libertades.

El oasis de paz que disfrutamos, el refugio de libertad que representa nuestra tierra, el paradigma de democracia que somos para el mundo entero, son virtudes de las que nos sentimos orgullosos como pueblo. Queremos compartir con todas las naciones hermanas del continente.

Alegrías y tristezas

En mi espíritu se juntan sentimientos encontrados de alegría y de tristeza cuando miro más allá de nuestras fronteras.

¡Cómo no saludar con alegría inmensa el retorno a la democracia, de tantos países hermanos que en la América Latina han recobrado sus libertades políticas en este último lustro! Como la más antigua democracia de Iberoamérica, Costa Rica saluda con regocijo ese retorno a la libertad y renueva su fe en el destino superior de las Américas. De aquí en adelante, todos transitaremos los caminos de los hombres libres.

¡Cómo no estar tristes si, tras la caída de los dictadores, ha quedado al descubierto ante el mundo un acongojante escenario de crueldad, de endeudamiento inútil, de corrupción desenfrenada y de violaciones sistemáticas a los derechos humanos!

¡Cómo no ha de llenarnos de alegría el valiente y solidario esfuerzo de paz realizado por los países del Grupo de Contadora! ¡Cómo aumenta esa alegría cuando vemos que las nuevas democracias de países hermanos se suman a ese esfuerzo en el Grupo de Apoyo!

¡Cómo no entristecernos ante la duda de que algunos pudiesen burlar ese esfuerzo y utilizarlo para fines distintos a la paz anhelada!

¡Cómo no ha de colmarnos de alegría y de optimismo el saber que hoy, como nunca antes, tantos hombres y mujeres de las tres Américas y del Caribe tengan la oportunidad de realizar sus sueños democráticos!

¡Cómo no estar tristes si, en el preciso momento en que el camino de la libertad se ensancha para las Américas, en el istmo centroamericano el suelo es ensangrentado todavía por la violencia!

¡Cómo no estar alegres de que los latinoamericanos hayamos rechazado el despotismo y escogido la ruta pluralista de la democracia, para resolver la más aguda crisis económica de nuestro continente!

¡Cómo no estar tristes cuando observamos que aún no se ha podido establecer la necesaria cooperación con las potencias de Occidente —hermanas en la democracia— para vencer nuestras graves dificultades económicas!

Al contrastar unas y otras, vemos con satisfacción que las alegrías predominan sobre las tristezas. En esta hora de tan hermosas perspectivas para Latinoamérica, no renunciaremos al optimismo, la esperanza y la confianza en el futuro democrático de nuestros países. Juntos hemos de luchar sin desmayo por mantener la libertad alcanzada y consolidar la democracia y la paz en toda la región.

En busca de una solución pacífica

Costa Rica reitera su fe inquebrantable en la búsqueda de una solución pacífica, por medios diplomáticos, a los apremiantes problemas centroamericanos. Confirmamos aquí nuestro apoyo al esfuerzo del Grupo de Contadora y nuestra voluntad de suscribir el Acta para la Paz y la Cooperación de Centroamérica, producto de largas negociaciones.

La gestión de Contadora y del Grupo de Apoyo es fiel reflejo del anhelo de generalizar los regímenes democráticos en América Central y en el continente. Los pueblos de este hemisferio han comprendido, tras angustiosas noches de intolerancia y muerte, que los retos del desarrollo solo pueden asumirse en la paz que se funda en la tolerancia y el respeto a los derechos de todos los americanos.

En América, la paz debe ser democrática, pluralista, tolerante, libre. Mientras persistan la intransigencia y la ausencia de diálogo, no habrá paz. En la negociación política deben buscarse los acomodos necesarios para la convivencia armónica de los pueblos. Esa negociación tiene el apoyo de los centroamericanos, de América Latina y de todo el continente. No debemos desmayar en nuestros esfuerzos por encontrar soluciones políticas en todos los foros continentales.

Plazos perentorios de cumplimiento

Es necesaria una nota de advertencia para quienes dudan de las soluciones diplomáticas y del poder del diálogo internacional para evitar derramamientos de sangre. Es insensato confundir el diálogo con la debilidad. Es imprudente desvirtuar la gestión diplomática con fines desleales.

Por esta razón, las negociaciones diplomáticas no deben prolongarse indefinidamente. Aceptar tales actitudes sería desnaturalizar el sentido del diálogo convirtiéndolo en instrumento de engaño, en burla a la buena fe. Los costarricenses demandamos la fijación de plazos perentorios para el cumplimiento cabal de los compromisos adquiridos.

El 6 de junio es una fecha sagrada. Ese día hemos de firmar el Acta de Contadora. A partir de ese momento, mi gobierno alentará —en estrecha cooperación con las naciones amigas preocupadas por la suerte de Centroamérica— el desarrollo de tres procesos simultáneos. La primera etapa habrá de cumplirse en los próximos meses y consistirá en impulsar gestiones para que los respectivos congresos ratifiquen el acta. Luego realizaremos una labor tenaz para poner en ejecución los mecanismos previstos en el acuerdo, y en la tercera etapa velaremos por la pronta apertura de diálogos de reconciliación nacional en los países azotados por la violencia. El objetivo será siempre crear o fortalecer las instituciones propias de la democracia. Estos procesos constituirán la columna vertebral de la paz centroamericana.

¡Ay de los gobernantes que pretendan burlarse del Grupo de Contadora! Quienes así actúen traicionarán el compromiso de afianzar la democracia entre todos los pueblos de Latinoamérica.

El grito libertario de Bolívar

Costarricenses y queridos amigos que nos visitáis desde todos los rincones del mundo:

Hoy, en Costa Rica, manos agradecidas de nuevas generaciones se estrechan fraternalmente con las manos curtidas de hombres y mujeres que nos dieron tanto. Nos corresponde afrontar desafíos diferentes a los de ayer. No tememos a esos desafíos si podemos enfrentarnos a ellos en paz y libertad.

Por eso estamos obligados a escuchar el grito libertario de Bolívar, y a ponerlo en práctica.

El llamado de Contadora es el grito libertario de Bolívar. Cuando algunos países hermanos se unen en Contadora, para trabajar por la paz, proclaman que solo la democracia y la libertad podrán evitar la guerra.

Decía Víctor Hugo: «Nada hay más fuerte que una idea a la cual ha llegado su tiempo». Esta es la hora de la democracia. Las dictaduras pertenecen al pasado. La democracia, el gobierno de las mayorías, es el único camino para liberarnos de la miseria y la dependencia.

Porque sobran las razones, es la hora de convertir en realidad el ideal de Bolívar. Los tiranos no tienen cabida en nuestro continente.

Costa Rica cree en la necesidad de una alianza para la libertad y la democracia en las Américas. Ni económica ni políticamente, debemos ser aliados de gobiernos que opriman a sus pueblos.

Convoco a una alianza para la libertad y la democracia en las Américas y el Caribe. Libertad y democracia para el desarrollo. Libertad y democracia para la justicia.

Libertad y democracia para la paz

En esta grandiosa empresa política no hay lugar para los pusilánimes, ni para los débiles de espíritu. Es la hora de responder al reto y cristalizar las esperanzas. Es la hora de que quienes creemos en la libertad y en la democracia como las únicas armas para superar la injusticia, cerremos filas y nos unamos indisolublemente.

Mi lealtad es con el pueblo de Costa Rica. Mi fidelidad es con la historia patria. Mi compromiso es con el porvenir. Yo no voy a rehuir mis obligaciones de conducir a mi patria cuando están en juego la vida y la muerte, la paz y la guerra.

Cuento con los compatriotas que tienen fe inquebrantable en el futuro de la patria. Cuento con los conciudadanos que tienen voluntad para diseñar un porvenir distinto. Cuento con los hombres y las mujeres sensatos, deseosos de construir con sus propias manos un destino feliz, inspirados por una gran pasión latinoamericanista.

Invito a mis conciudadanos para que, juntos, como protagonistas, escribamos un nuevo capítulo de nuestra historia, unidas la imaginación y la memoria. Para afrontar un desafío inmenso, como el que superaron nuestros antepasados, es preciso reconocer lo que ellos hicieron por nosotros y diseñar lo que nosotros queremos hacer por nuestros hijos. Escuchemos a Jorge Debravo, el poeta cuya voz nos llama:

«Oídnos trabajar.
Vamos a crear el mundo.
Con pasos y con ojos vamos a crear el mundo.
Con lo mejor de todas las edades
vamos a construir el mundo.
Asidos a esta nueva manera de mirar
vamos a construir el mundo.
Con los huesos de todos nuestros padres
vamos a construir el mundo.
Ladrillo por ladrillo,
hombre por hombre
vamos a crear,
de nuevo,
el mundo.
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